Recientemente hemos destruido (y estamos destruyendo) la naturaleza, sus ciclos y su forma de seguir viviendo. (Estas imágenes a lo mejor poco tienen que ver con el texto, pero son para reflexionar, jeje)
Debemos vivir en armonía con la naturaleza, estamos hechos para eso, y podemos usarla, como todo ser vivo, pero no tenemos derecho a destruirla.
Voy a citar el libro, “¿Qué hacemos con la naturaleza?”
No estamos solos, qué frase tan obvia, pero ¿Qué significa en realidad? Cuando nacimos, ya había muchas personas en la tierra. Estamos muy acompañados y es imposible no convivir con los demás. Pero nuestra especie no es la única que vive en este planeta. No estar solos significa que existimos con otras formas de vida: plantas, bacterias, virus, hongos. Somos parte de la naturaleza y ella es parte de nosotros. La naturaleza no sólo comprende lo que está biológicamente vivo. También incluye el aire, el suelo, el agua y el Sol. No estar solos, quiere decir, además, que vivimos en un planeta; y no cualquier planeta. De todo el sistema solar, la Tierra es el único donde habitan seres vivos tan complejos. La vida no surge ni evoluciona en cualquier lugar ni de cualquier manera. [Se necesitan condiciones especiales][...]. Hoy, billones de bacterias pueblan en el mundo entero. Se encuentran en todos lados, invisibles para el ojo humano, comiendo y reproduciéndose sin cesar. Están en el interior de nuestro organismo, desde el momento de nuestro nacimiento las respiramos y las tragamos. No podemos vivir sin ellas, como no podemos vivir si Sol, oxígeno, agua, suelo, plantas minerales y muchos otros elementos que existen en la Tierra.


Muchos piensan que lo que hay en este planeta es sólo para los humanos. En realidad, nosotros somos de la tierra, pues no podemos vivir sin lo que ella nos da. Por eso, muchas culturas en todo el mundo la ven como una gran madre: la Madre Tierra que nos ha engendrado y nos permite vivir. El globo terráqueo no termina en el suelo: arriba de él hay muchos metros de gases que nos protegen. Tampoco podría existir sin el Sistema Solar; además de los beneficios que nos proporciona el Sol, los enormes planetas exteriores atraen a muchos meteoritos, y así se evita que choquen contra la Tierra. La Luna provoca las mareas y éstas influyen en los vientos y la vida marina. Hay un equilibrio dinámico entre las fuerzas que ejercen entre sí los planetas de este sistema, y también existe entre los demás cuerpos que forman la Vía Láctea y las otras galaxias del universo. Todo está en movimiento, todo cambia; algunas especies desaparecen y otras evolucionan lentamente, pero ninguna está sola.

En la Tierra existen tantas cosas y en tal cantidad, que durante muchos años creímos que estas riquezas no tenían límites. También creímos que estábamos por encima de la naturaleza, separados de ella. Se afirmaba que el progreso implicaba la explotación de ésta y no importaba si ensuciábamos los ríos, extinguíamos las especies animales o vegetales, si destruíamos los bosques, contaminábamos los mares y el aire o los llenábamos de sustancias químicas peligrosas. Parecía que siempre habría más y que nosotros éramos los únicos dueños de todo.

Hasta que los daños fueron tan grandes y evidentes que fue imposible ignorar las voces, cada vez más numerosas, que advertían del peligro, y al mismo tiempo, reclamaban el derecho a existir que tienen todas la especies de la naturaleza. A nosotros, los seres humanos, nos corresponde, ahora, cambiar. Hemos puesto en peligro la vida de la tierra y nos toca restaurar los daños medioambientales que como especie provocamos. Saber que no estamos solos significa cuidar y respetar a las emás especies que habitan este planeta junto con nosotros; tener un comportamiento justo hacia todo aquello de lo que formamos parte, es decir la naturaleza.
Aquí quiero hacer una pausa y una reflexión. Todo forma parte de algo. Un átomo tiene partículas, el átomo forma parte de una molécula, la molécula es un pedacito de materia que forma algo más grande, como por ejemplo, células, un nutriente, un elemento. Esos elementos forman la naturaleza, entre ella nosotros, y todo forma parte de este mundo. El mundo forma parte de un grupo de planetas (sistema solar), el sistema solar está en una galaxia, la galaxia también forma parte de un grupo de galaxias, y así sucesivamente. Somos solamente una parte de todo, somos insignificantes. No solamente las cosas biológicamente vivas, están vivas. Por ejemplo, también la Tierra (el planeta) está vivo; sí, así es. Antes de que me acusen de hablador, lean esto:

Si la vemos como un organismo vivo, la Tierra mustra síntomas de estar enferma, atacada por una plaga que le provoca muchos desequilibrios. Investiguemos por qué la Gaia (Tierra) está enferma. Gaia tiene varios órganos vitales, por ejemplo, la selva del Amazonas, que es un enorme pulmón que limpia buena parte del aire del planeta. Sin embargo, la especie humana está destruyendo ésta y la mayoría de las áreas selváticas de la Tierra. El daño que sufre un órgano afecta a todo el organismo. Gaia, como cualquier organismo vivo, controla su temperatura y evita que suba y baje demasiado. Sin embargo, muchas actividades humanas, además de destruir los sistemas a través de los cuales regula su temperatura, están provocando un aumento desmesurado de dióxido de carbono, así como otros gases desconocidos para la naturaleza, que provocan el aumento de temperatura del planeta. Los ríos y mantos acuíferos son las venas de la Tierra que transportan el agua necesaria para toda forma de vida (o bueno, sería como la vitalidad de la Tierra) Si se encuentran contaminados, llevarán enfermedad y muerte a lo largo de su cauce. La superficie de la Tierra es como su piel. En tiempos antiguos, casi toda Gran Bretaña estaba cubierta de bosques, pero hoy ha desaparecido la mayoría de las áreas silvestres no sólo de esta isla, sino de muchas zonas del mundo donde se deforesta la tierra, se secan o rellenan los estanques y se remueven las piedras para dar paso a una agricultura que emplea pesticidas y herbicidas, que no convive con la vida silvestre. Estamos dañando la piel de la Tierra. Alguna vez, el norte de Afganistán fue una región con bosques y manantiales que fueron destruidos por la especie humana. Hoy es una zona árida donde impera la miseria.

El área comprendida entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio es sumamente importante para Gaia, pues allí vive gran variedad de especies que evolucionan muy rápido. Si se dañan los ecosistemas tropicales, todo el organismo se debilita. En México, la zona que abarca los estados de Veracruz y Tabasco es uno de los lugares del planeta que sufre mayor devastación. Sus ecosistemas naturales, que albergaban a gran variedad de especies, fueron sustituidos por pastizales para el ganado, por lo que el clima de la zona está volviéndose más seco. Actualmente, las megaciudades, lugares sobrepoblados y contaminados, devoran áreas agrícolas y silvestres, generan muchos desperdicios y absorben enormes cantidades de agua: se comportan como un tumor maligno en el organismo de Gaia. La especie humana muere poco a poco cuando destruye su medio ambiente. En cambio, cuando se integra a los ciclos de la vida y a los ecosistemas que las sustentan, se beneficia.
Y yo agregaría: Cuando usamos cosas naturales y las desperdiciamos o no las devolvemos, (por ejemplo, cuando comemos y desperdiciamos los restos orgánicos en vez de devolverlos a la tierra) somos parásitos.

En un ecosistema en quilibrio, cada especie ayuda a sobrevivir a las demás. Las relaciones más importantes para que la vida florezca y evolucione son las de la colaboración. Si queremos sobrevivir y desarrollarnos como especie, necesitamos apoyar la colaboración con todo lo que habita en este planeta. Cuando destruimos cualquier elemento de un ecosistema, todas las demás relaciones se alteran. Por el contrario, si restauramos un elemento de un ecosistema desequilibrado o degradado, por ejemplo, limpiando un río contaminado, restauramos toda una red de vida. En un área con árboles, el suelo contiene al árbol para que no se vaya; por eso, éstas ayudan a evitar derrumbes en las orillas de las barrancas. Cuando tiramos los árboles en terrenos muy empinados, como lo cerros, éstos se desgajan fácilmente y la tierra se derrumba con todo lo que hay sobre ella. En el bosque, las lombrices y cochinillas cumplen una función importante: transforman las hojas secas, las varitas y los restos de plantas y animalillos, en humus, un abono magnífico. Y al moverse bajo la tierra, suavizan el terreno, permitiéndole absorber la humedad y los nutrientes. En esta transformación intervienen también billones de seres microscópicos. Si nos llevamos o quemamos todo el humus y la tierra de hojas que hay debajo de los árboles, se degradará junto con todo lo que está asociado con él, y el ecosistema perderá su equilibrio.

Imagina que una mariposa puso decenas de huevecillos en el envés de una hoja y que de ellos nacieron larvas que se alimentan de plantas; algunas aves, a su vez, se alimentan de larvas, lo cual nos hace pensar que son enemigas, ya que una amenaza la vida de la otra. En realidad, si nadie controlara el número de larvas, habría tantas en el árbol que acabarían por comerse todas las hojas, y las mariposas ya no podrían poner sus huevecillos en ellas. Igual, si fumigamos todos los árboles, atrapamos todas la mariposas o matamos a los pájaros, desequilibramos el ecosistema. Pero si sembramos cerca del árbol algunos arbustos, éstos atraerán a otras especies. Cuando una abeja chupa el néctar de una flor, sus patas y su cuerpo se llenan de polen que transportará a otra flor para fecundarla. así podrá nacer un fruto con semillas que darán origen a otros árboles; a esto se le conoce como un ciclo de vida. Si no hubiera plantas, no habría flores ni abejas ni miel ni cera para todos. Si un niño recoge del suelo un poco de leña que llevará a su casa y necesita más de la que encuentra tirada, quizá corte ramas del árbol, pero si esto no es suficiente y corta todo el árbol, romperá un ciclo de vida en el que el árbol y él estaban asociados. Todo lo que hacemos y dejamos de hacer influye en las relaciones entre los elementos de los ecosistemas.

En la naturaleza nada se desperdicia; lo que es desecho para unos es alimento para otros. La Tierra y todo lo que existe en ella se encuentra en permanente cambio: el oxígeno transforma cuerpos y hace que éstos se oxiden; el agua de lo ríos redondea las piedras, de tanto pasar y acariciarlas; los microorganismos descomponen en elementos simples todo aquello de lo que se alimentan. Las especies evolucionan, mutan dan lugar a otras nuevas, se extinguen...Las casas se echan a perder si no les damos mantenimiento: la pintura se caem las vigas se parten y las tuberías se pican; nada permanece en un mismo estado para siempre. Si no las arreglamos y reparamos, las construcciones se convierten en ruinas llenas de escombros. La planta de maíz crece, produce elotes tiernos y, por último, se seca. Sus restos se convertirán en abono para la tierra y éste dará alimento a otros seres vivos, como los animales, que producirán estiércol para nutrir a otras plantas. En conclusión, nada se transforma, pudre o descompone por arte de magia; son las bacterias y otros microorganismos, así como el oxígeno, la humedad y el Sol los que provocan estos cambios.

La cáscara de estas naranjas no existirá en un año porque es biodegradable, esto es, las bacterias y otros microorganismos descomponen las partes que lo forman. También es posible que las hormigas, los caracoles y otros animalitos se los coman. Hay materiales, como los que se emplean para fabricar envases y envolturas, que los microbios no pueden transformar fácilmente, lo que significa que no son biodegradables. Una botella va a permanecer así durante muchísimos años, pues no forma parte de los ciclos naturales.
Tenemos que permitir que la naturaleza siga su ciclo, no hay que desperdiciar los desechos orgánicos. Por algo estoy en desacuerdo con que me digan sucio cuando tiro por ejemplo cáscaras de plantas a la tierra o quiero mmm, regar las plantas, jeje, abonarlas.

Cuando un organismo muere, vuelve a formar parte de la tierra. Sólo así el suelo puede seguir alimentando la vida, pero si quemamos materia orgánica o la retiramos, estamos impidiendo que la tierra se nutra, por lo que se vuelve menos fértil. En un terreno donde hay lombrices, el suelo es fértil. Ellas aflojan la tierra, se alimentan de materia orgánica en descomposición y producen con ella un abono muy bueno para las plantas. La materia orgánica se encuentra en la capa superior del suelo y es un elemento muy importante para la fertilidad de la tierra. Todo lo que proviene de los seres vivos es materia.

Los campesinos cavan zanjas en los cerros para que el agua de lluvia caiga ahí, humedezca el suelo y no se lleve la materia orgánica. Al hacerlo, la tierra que sacaron forma un bordo. También colocan piedras como barrera para detener la materia orgánica. Los troncos y las ramas colocados perpendicularmente en la pendiente también sirven como barrera para conservar el suelo. Pero si la tierra está desnuda y reseca, el viento se la lleva y el suelo pierde fertilidad. Cuando talamos un cerro para sembrar, la materia orgánica resbala por la pendiente y, cuando llueve, el agua también se la lleva. De esta forma, el suelo rápidamente se vuelve estéril y apretado. Si la tierra de un terreno ha sido envenenada con sustancias como aceite de autos, gasolina y pintura, las plantas ya no podrán crecer bien y el suelo tardará años en recuperarse. En algunas zonas, hace cientos de años los campesinos construyeron terrazas en los cerros. Hoy, sus descendientes siguen cuidándolas y sembrando en ellas. Las terrazas son grandes escalones que no dejan que la materia orgánica resbale y escape. La lluvia cae en la superficie plana y se filtra en la tierra, en lugar de correr hacia el otro lado. Una barrera rompevientos sirve para detener el aire que sopla hacia la tierra frente a los arbustos. Así, la milpa no se cae aunque las plantas estén crecidas. Cuando veas la tierra desnuda, vístela de plantas, así evitas que pierda su fertilidad.
“En lugar de tirar los restos de comida, podemos utilizarlos para hacer composta: una mezcla de restos vegetales y animales con tierra. El oxígeno, la humedad, los microorganismos, los animalitos y algunos hongos, harán que estos restos se transformen pronto en un magnífico abono para la tierra. Si tenemos un terreno grande o un huerto, podemos hacer la composta directamente sobre la tierra. Forma un cuadrado de un metro de lado con piedras o troncos; en el interior, coloca ramas y, sobre ellas, una capa de tierra. Encima de ésta, pon una capa de restos de comida y después, una de estiércol o tierra. Conforme se acumulan, echa alí restos de comida, hierba, hojas, estiércol y tierra.
La intensa actividad de bacterias, microorganismos y otros animalitos, ocasiona que la composta se caliente hasta el grado de producir humo en ocasiones. Una composta bien hecha no debe oler mal; si le sobra agua, puedes mezclarla con tierra seca, paja, pasto seco o aserrín. Si está apretada, aflójala con un bieldo. Generalmente tarda varios meses en estar lista, pero si quieres acelerar el proceso, conviene revolverla o pasarla de un lugar a otro; así se oxigena y se mezcla. ¡Es como hacer un pastel! También se hace más pronto si le echas estiércol, orina o croquetas para perro.”
Ahora, permítanme citar otro texto:
“La salud es un factor determinante para disfrutar de una vida feliz y satisfaciente. Aunque se posean todas las ventajas y comodidades del mundo, si no se tiene salud, no puede sentirse nadie plenamente feliz con todas estas cosas. Por eso, debemos dirigir nuestra atención preferentemente hacia conocer la mejor forma de conseguir y mantener un estado de salud óptimo, o el mejor posible.
Para ello debemos tener presente que los seres humanos han sido creados para vivir en armonía con la naturaleza. La tierra no solo produce todos los elementos necesarios para la alimentación humana, sino que además ofrece multitud de plantas curativas para aliviar y restablecer las alteraciones físicas o dolencias que puedan aquejar a las personas debido a circunstancias adversas. Desde los tiempos antiguos se han obtenido muchos remedios curativos naturales provenientes de estas plantas medicinales para diversas dolencias. Plantas como el Aloe Vera y otras similares, o productos derivados de ellas, se han utilizado con bastante acierto para curar, y hasta prevenir, graves enfermedades, como el temido cáncer, y otras no menos peligrosas.
Sin desestimar la eficacia de otros medicamentos producto de la técnica científica, muy confiables por cierto, debemos resaltar algunas ventajas de estos remedios naturales; y es que aunque no todos sean eficaces para determinadas dolencias, nunca serán nocivos para la salud de nadie, como puede suceder con los productos farmacéuticos, que siendo curativos para unas cosas, pueden ser nocivos para otras. Lo natural nunca perjudica la naturaleza humana, pues todo ha sido creado para complementarse y contribuir al bien común, la naturaleza para el bien del hombre, y el hombre para mejorar y conservar en perfecto estado a la naturaleza.
Lo ideal sería vivir en plena naturaleza y en completa armonía con sus leyes y sus ciclos ecológicos, extendidos por toda la superficie terrestre, respirando aire puro y aprovechándonos de todas las fuerzas naturales: el sol, el viento, las desigualdades del terreno y las fuerzas de las aguas pluviales; sirviéndonos no solo de los productos alimenticios de la tierra, sino también de los desechos reciclables de toda actividad humana. Los modernos estilos de vida han hecho que se rompan muchos ciclos fundamentales ecológicos e indispensables para mantener el equilibrio en la productividad del terreno, y arruinan o empobrecen los recursos de la tierra a corto o largo plazo. Tratemos de aprovecharnos de los recursos que aún tenemos disponibles para mejorar nuestra salud en la medida que podamos.”
Ahora sí, ni hablar. Esto es algo de lo que se necesita saber para que cuidemos de la naturaleza.
Saludos
Hello!
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